La inercia

Posted by Mariano Muñoz - 14 septiembre, 2011 - Gestión del Tiempo - 1 Comment
SUNSET IN PUNTA CANA

La cárcel más sutil y más peligrosa es la de la mente encadenada y la inercia; y lo es porque al no ser percibida es una especie de adormecimiento que nos priva de toda capacidad de reacción. La inercia domina en gran medida nuestras vidas, muchas veces de forma inconsciente y otras tantas como una suave esclavitud tolerada.

Las personas somos por naturaleza conservadores, evidentemente no estamos hablando en términos de ideologías sino del hecho de que somos acomodaticios. La búsqueda  de seguridad forma parte de las necesidades naturales y reacciones básicas del ser humano y nos marca una deriva hacia lo conocido, lo cercano y por fuerza hacia lo repetitivo.

Esta tendencia natural, casi genética, es alimentada a lo largo de nuestra educación, tanto en el entorno familiar como escolar al punto de que impregna de forma muy profunda el carácter de las personas y especialmente la manera de organizar nuestras actividades y nuestro tiempo.

Es una necesidad anexa a la vida en sociedad el mantener unos horarios, y unos hábitos objeto de consenso, en lo referente a comidas, descansos, momentos de ocio y horas de trabajo. Adicionalmente , vamos integrando unas rutinas, recorridos habituales para ir al trabajo o a la escuela, personas que saludamos cada día a la misma hora en el mismo sitio…Pero vamos mucho más allá, empezamos a ir de vacaciones cada año a la misma playa, a encontrarnos con las mismas personas, en el mismo bar, en el que leemos el mismo periódico, sentados en la misma, pidiendo la misma bebida.

Es llegado este momento en el que se ha ido produciendo una anestesia progresiva de nuestra capacidad de percibir los cambios, lo nuevo, lo que sucede a nuestro alrededor; perdemos la perspectiva de los pequeños detalles y a veces incluso de los grandes.

Cuando tomamos por primera un alimento o una bebida que nos gusta, encontramos un lugar en el parque en el que nos sentimos cómodos o realizamos una actividad que nos satisface, casi en ese mismo instante empieza un proceso imperceptible de integración en nuestros hábitos. Con frecuencia se produce una evolución de lo novedoso a lo repetitivo, del disfrute inicial a lo neutro impregnando lo cotidiano hasta llegar a convertirse en insípido.

Para muchas personas la felicidad es el disfrute de una dulce monotonía, el no cambio, lo conocido y cercano. Por lo que en general nos sentimos cómodos con esa inercia que nos acompaña.

La cuestión que se plantea es que cualquier actividad  consume tiempo, de manera que es fundamental adquirir una consciencia activa de su realización, para que la dedicación de nuestro más preciado bien lo sea de forma voluntaria y aporte algo a nuestra pequeña historia de cada día.

La vida no es lo que se ha vivido, sino lo que uno se  acuerda y como se acuerda (G. García Márquez).

Vivir es lo más raro que puede encontrarse en el mundo. La mayoría de las personas existe sin más (O. Wilde).

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